El animal más próximo al ser humano, el chimpancé, podría extinguirse dentro de unos 50 años.
Debido a la caza para comida, la amenaza de la deforestación y las enfermedades, dijeron investigadores a Reuters.
Sólo quedan 8.000 ejemplares de la subespecie más vulnerable de los chimpancés, los 'pan troglodytes vellerosus', que se encuentran predominantemente en Nigeria, y podría extinguirse en dos décadas, según un estudio.
El trabajo fue presentado en una conferencia de la Alianza de Santuarios Pan Africanos (PASA, en inglés) en Johanesburgo. Los santuarios PASA se dedican a cuidar a grandes monos huérfanos o heridos.
"Existe la creencia de que la caza ilegal de los monos para comida ha tenido un gran impacto en la tasa de descenso del número de ejemplares, junto con la deforestación, la intrusión de los humanos y las enfermedades", dijo PASA en un comunicado.
"La situación es mucho más crítica de lo que pensábamos", dijo Norm Rosen, un antropólogo de la Universidad Estatal-Fullerton de California, que coordinó el estudio.
El trabajo utilizó la tasa de huérfanos llevados a los santuarios para calcular la desaparición del número de chimpancés, y mostró un dramático incremento del número de crías de chimpancés que pierden a sus padres.
El estudio de Rosen - que estima que 10 chimpancés en libertad son aniquilados por cada huérfano que es llevado al santuario - predice que las subespecies 'vellerosus' se extinguirán en los próximos 17 y 23 años.
Las otras tres subespecies de chimpancés se enfrentan a mejores perspectivas, pero se prevé que desaparezcan en un plazo de entre 41 y 53 años, a partir de las actuales tasas de reducción del número de ejemplares.
Los chimpancés se encuentran en África occidental, central y oriental.
Los 19 santuarios PASA cuidan actualmente de unos 670 chimpancés, un número que ha crecido en más del 50 por ciento en los últimos tres años.
Este estudio es el último que ha dado la voz de alarma sobre el futuro de los grandes monos, que incluyen a chimpancés, gorilas, bonobos y orangutanes de Asia.
Un estudio reciente de la ONU dijo que menos del 10 por ciento de la selva africana donde residen los grandes monos permanecerá inalterable para 2030 si continúa la construcción de carreteras, de canteras y otras infraestructuras como hasta ahora.
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Esta piel procede de las crías de sólo 2 días de las ovejas de Afganistán. Se les corta la garganta y, cuando aún están vivas, se les arranca la piel empezando por la pata trasera. Se le introduce después una caña de bambú en la que se sopla con el fín de que la piel se despegue mejor. El animal deformado, sigue moviéndose.
Cuando la oveja madre llega a los 3 años y estando preñada se le saca el embrión que es igualmente asesinado.
Para un abrigo de astrakán, hacen falta 35 ejemplares. En un año, la industria peletera sacrifica a más de 30 millones de corderitos.
Existen tres técnicas para no dañar la piel.
1. Se cuelga al zorro del cuello con un gancho. Se le introduce un electrodo en la boca y otro en el ano con una barra metálica que suele atravesar las paredes del intestino. Después se le electrocuta.
2. Se cuelga al zorro boca abajo y se le golpea en la cabeza con un mazo.
3. Se recurre a la larga agonía del monóxido de carbono.
Para aumentar las camadas, la industria peletera se sirve de manipulaciones hormonales. Con una descarga eléctrica se consigue semen del macho que será inyectado en las trompas de la hembra.
Convertidos en máquinas reproductoras, los animales sufren un total desequilibrio y descalcificación. Además, animales como la chinchilla pierden sus dientes y después de múltiples camadas se les mata
NO a las pieles.




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En un pueblo de Pontevedra unos desconocidos han matado a palos y de una forma brutal a un burro al que habían abandonado y al que trataba de curar un vecino de San Xulián. Los vecinos no pueden explicarse la crueldad de este ataque ni tampoco el motivo.
Cuando Eugenio Trabazo encontró al burro, parecía que se producía el final de una historia desgraciada. El pobre animal apareció abandonado, maltratado, desnutrido y herido en San Xulián, Marín, en Pontevedra.
Eugenio explicaba hace quince días que había caído en un barranco y le costó mucho sacarlo de allí. Pero lo consiguió, lo adoptó y este burro comenzó a recuperarse lentamente. Hasta los vecinos decían que parecía mostrar alegría. Nada hacía presagiar el final tan cruel que iba a tener.
Hace unos días unos desconocidos llegaron hasta este establo y, aunque estaba bajo llave, aprovecharon la noche para clavarle una y otra vez esta estaca a través del ventanuco. Le desgarraron un ojo por completo y le abrieron heridas por todo el cuerpo.
Eugenio Trabazo explica que tenía las patas rotas y sangre por todas partes. Le rompieron las patas y lo atacaron una y otra vez hasta matarlo. Nadie sabe quién ni por qué lo hizo ni por qué empleó tanta saña y crueldad hasta acabar con su vida. El burro es una especie en peligro de extinción en nuestro país. Actos así explican por qué.
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